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Cuando crees una empresa, hazlo tú solo o con cincuenta socios

Estas fueron las sabias palabras con las que un gran profesional de la auditoría me obsequió un consejo, No siempre le he hecho caso, pero con la visión del espejo retrovisor tengo que darle la razón totalmente. Es obvio que -en el extremo superior- no hace estricta falta que se sean cincuenta socios, pero esa cifra tiene su encanto por ser un buen grupo con el que se producen dinámicas positivas a pesar que el número de contactos te lleve tiempo y, además, se puede constituir una sociedad anónima que -desde mi punto de vista- está mejor regulada que la sociedad limitada. En una S.A. todo se diluye mejor, los diferentes caracteres integrados en el proyecto, los egos, las opiniones y se gana esfuerzo, contactos, conocimientos, etcétera.

Está claro que reunir un grupo de cincuenta o de treinta no es lo común excepto cuando ya se han lanzado muchos proyectos con éxito y conseguir capital ya no es un problema. Lo normal es contar con tres, cuatro o cinco socios. Pocos son, ahí la concentración de todos las miserias humanas se tocan con los codos y con frecuencia se vuelve ingobernable y es fácil llegar al roce casi que a diario, salvo que exista un líder claro y los demás vayan a su rebufo, cuestión que también se ve por ahí.

Presentadas los dos primeros casos, llega el más habitual en número, el caso del solitario, la sociedad unipersonal, no sólo desde el punto de vista legal sino real, ya que hay muchas empresas -sociedades limitadas- con dos o tres socios, que en realidad son como unipersonales.

El empresario solitario sufre más porque todo se lo tienen que hacer él y no tiene esos momentos de distensión grupal, pero las ventajas superan a los inconveniente -al igual- que un viaje en solitario es mucho más enriquecedor que un con amigos, a pesar que los momentos de la comida y la cena sean más divertidos. El desgastante consenso se evita de un plumazo y los momentos en los que no se sabe qué hacer o en los que estás cerca de arrojar la toalla incluso los que piensas «en qué mal momento…», sólo hacen que construir al empresario y prepararlo -tal vez- para un próximo intento.

Los grupos operativos son de algo más de cien personas, es la cantidad a partir de la cual todo se complica. Es el número de Dunbar y ya lo seguían las legiones romanas, los grupos de monos y muchas organizaciones con Goretex. Es un número que opera bien de forma natural. Cincuenta es un buen número, no se trata del personal de la empresa sino del de los socios, pero también es suficiente para que todo fluya y, si no puede llegar a esa cifra, solo es mejor que mal acompañado.

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