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Cada vez que digo que la venta personal se acaba, pierdo a un amigo…

Así es y eso que lo digo por ayudar a mis amigos, pero nadie quiere oir la verdad cuando está en contra de lo que se desea, es una forma de negar lo evidente para mantener las fuerzas. Yo les pregunto a mis amigos: ¿Pero no me decís que no os dejan que les visitéis? ¿Pero no me habéis comentado mil veces que los salarios y las comisiones están por los suelos? ¿No protestáis porque quieren que seáis profesionales autónomos? Entonces por qué os enfadáis cuando digo que la profesión de los vendedores de campo están tocando a su fin.

Mucha gente no quiere oír la verdad que les estresa y angustia, bueno, yo respeto esa forma de vivir con enorme riesgo de obsolescencia. Como les apreció, seguiré avisando por medio de noticias, argumentos y posibilidades de cambio.

No digo que se acabe la profesión, esta bendita profesión, pero la dignidad de los profesionales no puede ponerse en entredicho y hacer como si no pasara nada.

Quiero comentar algunas cuestiones que predicen el fin de una época y que se basan en obviar la aportación del profesional de la comercialización hacia otros formatos menos subjetivos, más automatizados y más ciertos puesto que están basados en los hechos reales.

Por si faltase algún empujón a este tendencia, la Covid-19 ha venido para acelerar el cambio. Cada vez es más difícil ponerse a dos metros de un potencial cliente y la videoconferencia se ha establecido como formato alternativo, aunque la dificultad de ponerse delante de un cliente sigue igual de complicada. Es normal, es que somos demasiados intentando vender. El problema radica en ese punto, necesitamos un proceso de agregación que reduzca el número de ofertantes, pero no el número de empleados. Bastaría que las grandes empresas iniciaran ese proceso de integración de las pequeñas.

¿Qué sentido tiene que acudan a una  operación doce ofertantes con los mismos productos? Ninguno, porque lo único que consiguen es que se erosione el margen al no encontrar -los clientes- diferenciación alguna. La dimensión proporciona diferenciación y mejor calidad de vida profesional y, con cinco ofertantes para una operación, el cliente  podría convocar a la totalidad de alternativas, de esta forma, todos  mejorarían en competitividad y no en descuentos. 

Es evidente que todo proceso de integración sacará a personas del mercado, pero si es que no cabemos todos. Cuando aceptemos esa realidad, estaremos en el camino de la solución.

El futuro de la profesión pasa por la unificación de las funciones de preventa y venta, la de marketing y venta y, la de venta y consultoría, fuera de esos binomios hará mucho frío.

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